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Era la tercera vez que recorría El Camino de Santiago, donde una de sus etapas concluye en Molinaseca.
Cuando uno recorre la senda que lleva hasta el Valle del Bierzo, impregnándose intensamente de los colores y olores hasta formar parte del entorno, relegando el cansancio en virtud del disfrute del momento, anhela el calor y el cobijo que te ofrece el pueblo más cercano.
Ahí, en Molinaseca, en la Plaza del Cruceiro, una casa en ruinas me invitó a convertir un sueño en realidad.
Ahora, sentado en la "Posada de Muriel", donde sus puertas están siempre abiertas, invito a todo caminante, vecino, amigo y forastero a compartir unos momentos de paz, sosiego y buen comer. No puedo ser objetivo al hablar de mi posada. Creo que es mejor que otros hablen de nosotros y compartan su experiencia.
Esperando poder recibirles pronto, un saludo afectuoso.
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No hay que alejarse mucho de la posada para comenzar el disfrute de los atractivos del entorno. Molinaseca es un pueblo de bella traza medieval, con su puente romano, su piscina natural
en el río Meruelo y más de cuarenta bodegas que animan sus calles y permiten catar los vinos que ostentan la Denominación de Origen del Bierzo.
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La Iglesia de San Nicolás es una espléndida muestra de arte religioso. Pertenece a la segunda mitad del S. XVII. Situado en lo alto, domina la villa, majestuosa y señorialmente.
En el exterior, se eleva una elegante torre con un cuerpo de campanas; el reloj, de grandes proporciones, acompasa el diario vivir. En el primer cuerpo de la torre, sobre hornacina,
la escultura, en piedra, del Titular con el símbolo de uno de sus milagros.
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El santuario de Nuestra Señora de las Angustias se levanta a la derecha del Camino de Santiago. Sus orígenes se relacionan seguramente con una pequeña ermita del S. XI.
La torre a los pies, su cabecera metida en la montaña, su cúpula transparente y sus pórticos laterales, con arquería de medio punto, pertenecen a finales del S. XVII.
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Unos seis kilómetros separan al pueblo de Ponferrada, por lo que una visita allí se hace indispensable: presidida por su magnífico castillo templario posee un interesante conjunto histório y
una activa vida comercial animada por el ambiente de sus tascas y mesones.
Sin duda alguna, en la misma zona, el impresionante paisaje de las Médulas, declarado Patrimonio de la Humanidad, bien merece una jornada romana. Las huellas de la minería a cielo abierto han tramado este paisaje de picachos rojizos en la que los castaños ponen la nota de verdor sobre los taludes desnudos de tierra. La posada es también una excelente base para
hacer una incursión en las perdidas pero siempre sorprendentes tierras de ancares.
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